Nia: El legado de una mujer extraordinaria


















Personaje
Antonia (Nia)

Objetos
Lazo y cámara. 

Trasfondo
Nos ambientamos en España, años 30. En un pequeño pueblo rural de Jaén nace Antonia, también conocida como Nia, en una familia de aceituneros que cultivaban y cuidaban sus propios latifundios. Mientras su madre se encargaba de cuidar la casa y criar a Nia; su padre enseñaba a su hermano las tareas del campo.
Cuando la muchacha cumplió 10 años su madre le regaló una cámara de fotos. Con esto, Nia descubrió su vocación. Fue desarrollando su interés, espíritu aventurero y ganas de aprender y descubrir cosas nuevas.
Cuando cumplió 18 años decidió irse de casa. Empezó a buscar su lugar en el mundo. Viajó por toda España y fotografió animales, lugares, personas. 
Con 22 años llegó a Ciudad Real y conoció a Alfonso. En el momento en el que se vieron por primera vez supieron que pasarían el resto de la vida juntos. Emigraron a una ciudad alicantina, impulsados por el éxodo rural, en busca de trabajo en la industria textil. Una vez establecidos, empezaron a formar un hogar y una gran familia: tuvieron ocho hijos. Desde entonces la familia no paró de crecer. 

Motivaciones
Nia fue creciendo en un contexto bastante convulso: crisis económica, guerras, dictadura, censura y represión. Además, tuvo que hacer frente a un momento en el que los ideales de género dejaban a la mujer relegada al hogar, el matrimonio y la Iglesia. 
Ella quería ser libre, ver mundo, vivir nuevas experiencias y encontrar su propia identidad. Desde siempre fue una mujer independiente, alegre, fuerte y llena de luz. Esto marcó las decisiones que tomó a lo largo de toda su vida. 
Cuando conoció a Alfonso supo que su vida cambiaría. Mantuvo sus aficiones y quería seguir madurando. Sin embargo, encontraba la felicidad en otras cosas: el cuidado de su familia y su hogar, por ejemplo. 
Poco a poco se fue apagando, con la muerte de su marido y viendo como su familia la dejaba de lado. La soledad y la tristeza llenaron sus últimos años de vida, aunque también vivió momentos en los que recuperaba esa felicidad, su luz característica.
A pesar de vivir una vida llena de altibajos, cambios y emociones de todo tipo, falleció sintiéndose realizada, plena, rodeada de los suyos. 

Arco narrativo
Nia se marchó de casa y empezó a buscar su camino, a vivir su propia vida. Los primeros años fueron muy duros, quería empezar desde cero y ver de todo lo que era capaz. Decidió cortar el contacto con su familia ya que no quería que sus decisiones se vieran influenciadas; además, le daba miedo que la nostalgia le impulsara a volver. 
Cuando conoce a Alfonso cambia su mentalidad y se da cuenta de la importancia de la familia. En este momento ya sabe perfectamente quien es y lo que quiere, por lo que, decide volver a casa y solucionar las cosas, quiere que sus padres y hermano vean lo feliz que es y como ha crecido como persona.
El resto de su vida la dedica a su marido, hijos, nietos, bisnietos. Vive una vida completamente plena y llena de felicidad. Sin embargo, cuando llega a la vejez sufre la soledad: su marido murió y sus hijos se fueron alejando de ella, seguían sus propios caminos, como ella hizo de joven. En numerosas ocasiones intentó juntarlos a todos, intentó volver a estar rodeada de todos sus seres queridos. Ella se marchó, pero, acabó entendiendo cuanto necesitaba su hogar; eso le daba esperanza. Finalmente, fue en sus últimos días cuando lo consiguió y, entonces, pudo irse en paz. 
Nia siempre fue una mujer muy familiar, le dio a sus hijos la mejor vida que pudo y les entregue todo su amor y dedicación. A sus nietos y bisnietos les transmitió su arte, les cantaba, les enseñaba a bailar, les animaba a expresarse artísticamente. Por ello, a pesar de su fallecimiento, Antonia quedará siempre viva en el legado que dejó en sus descendientes, los cuales eran su mayor regalo. 

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